Silencio e impunidad, el muro infranqueable para las víctimas de pederastia en Austria
Cuando Elías, de tres años, le contó a su madre los abusos sexuales atribuidos a su marido, un psiquiatra infantil, Alina presentó una denuncia. Pero pronto se enfrentó a un muro de silencio e impunidad.
Esta asistente social austríaca presentó una denuncia esperando obtener rápidamente ayuda. Pero pronto descubrió la dificultad de que se tomara en cuenta la palabra de los niños frente a los adultos, a veces poderosos.
Su marido se suicidó en 2003 tras otro testimonio de un menor fuera del ámbito familiar. "Al suicidarse protegió a mi hijo de sí mismo", afirma a la AFP.
El testimonio de Alina, que pidió el anonimato como las demás personas entrevistadas para esta investigación, no es un caso único.
En los últimos años se han hecho públicos numerosos casos de pederastia en este próspero país alpino de 9,2 millones de habitantes.
- En un cajón -
Es el caso de las revelaciones sobre del fundador de la prestigiosa oenegé de protección de la infancia SOS Kinderdorf, Hermann Gmeiner, fallecido en 1986.
En octubre pasado salió a la luz que aunque le habían denunciado varias veces por abusos sexuales entre los años 1950 y 1980, nunca ocurrió nada.
Ahora están investigando a varios de sus colaboradores. En noviembre Viena retiró un busto con su efigie y está previsto retirar su nombre de un parque de la capital.
Otro caso grave es del psiquiatra infantil Franz Wurst. Durante décadas abusó de niños y en 2002 fue condenado por mandar a una de sus antiguas víctimas a asesinar a su esposa.
Esta historia inspiró a Elfriede Jelinek a escribir un libreto de ópera que aborda el tema de forma directa.
Pero, a pesar de tener un Nobel de Literatura, la escritora solo recibió negativas por parte de responsables de instituciones culturales.
Su obra está terminada, pero sigue guardada en un cajón.
Otro de los casos que sacudieron el país es el de Natascha Kampusch, secuestrada a los diez años y retenida durante ocho y medio por su captor, Wolfgang Priklopil.
- Permisos nocturnos -
Pero ¿cómo pudieron todos estos niños ser víctimas de abusos durante décadas?
Según documentos judiciales consultados por la AFP en dos casos distintos, la duda favoreció al sospechoso por falta de pruebas y de confesiones.
Es lo que ocurrió en el caso de Elías, cuya madre no puede testificar públicamente porque se expondría a demandas por difamación.
En el año 2000 Elías le contó a su madre el incesto cometido por su marido, un psiquiatra infantil.
A pesar de ello, un informe judicial recomendó a la justicia "conceder al padre, dada su profesión, un derecho de visita ampliado" e incluso autorizó a Elías pase la noche en su casa.
La denuncia se archivó rápidamente, ante la consternación de la madre, a quien se le reprocha haber secuestrado a sus dos hijos.
En su diario íntimo, consultado por la AFP, el marido escribía que deseaba convertirse en psiquiatra infantil para tener "proximidad" con menores.
Según Alina, varios de sus colegas sabían que era pedófilo.
- Familias "destrozadas" -
Maria, una psicóloga, afirma haberse enfrentado en varias ocasiones a abusos de poder por parte de psiquiatras infantiles.
Uno de ellos es quien redactó el informe desfavorable a la madre en el caso de Elías. Según ella, una vez le pidió discreción en un caso de incesto que implicaba a un miembro del Opus Dei.
En otra ocasión, otro especialista, completamente ajeno al caso, la llamó para informarse sobre el tratamiento seguido por el hijo de un colega implicado, violando el secreto médico.
Finalmente, para su gran sorpresa, un tercero descartó cualquier violación en su informe pericial, aunque "los hechos saltaban a la vista", lamenta.
Impotente, habla de familias "destrozadas", que renuncian a emprender una batalla que saben perdida de antemano.
- Escondida con sus hijos -
No fue el caso de Nicole. Esta abuela hizo todo lo posibles para alejar a sus dos nietos gemelos de su yerno. Cuando no tenían siquiera tres años, los dos niños relataron abusos sexuales cometidos por su padre.
También describen sesiones repetidas en las que, bajo las órdenes de su padre y en presencia de otros hombres, debían adoptar posturas de carácter sexual mientras se tomaban fotografías.
Sin embargo, estos elementos fueron considerados "no plausibles" por la justicia.
A pesar de informes periciales inequívocos, se exigió que fueran devueltos al padre, en virtud de su derecho a la vida familiar.
La hija de Nicole decidió esconderse con los niños.
Después, el juicio se eternizó y se volvió muy costoso. El caso pasó por varios jueces, hasta que una fiscal decide, en interés de los gemelos, dejarlos con su madre.
Uno de los jueces la interrumpe cuando empieza a relatar los testimonios de sus hijos. "¿Usted estaba allí? ¿Y la fiscal, estaba allí?. Nadie estaba allí", destaca.
Cuando buscó el nombre del juez por internet, Nicole quedó estupefacta. Años atrás había sido sorprendido con un chico de 13 años en baños públicos.
Fue encarcelado preventivamente y acusado, pero se defendió alegando que creía que el menor era mayor de edad sexual, es decir, que tenía un año más. Fue absuelto y volvió a ejercer.
Según la ONG contra la violencia familiar StoP, "algo no funciona en el Estado de derecho, como muestran los ejemplos recientes, ya que los autores están más protegidos que los niños".
"Ni siquiera durante los procesos judiciales, así como en los procedimientos de custodia y régimen de visitas, se tiene en cuenta la violencia ejercida contra los niños y sus madres", lamenta.
F.Coineagan --NG